domingo, 13 de noviembre de 2011

3. Trabajo y rutina.

El aire frío de la brisa matutina hizo que Fedde se revolviera. Se abría quedado dormido con la ventana abierta. Entornó los ojos pero no vio su cuarto, si no una pared de madera a menos de 20 centímetros de su nariz. No había sido un sueño, de verdad había viajado en el tiempo, y ahora estaba allí, en un carruaje de madera que todavía no sabía como se desplazaba sin animales de carga. Con esa gente extraña a la que no conocía de nada. Y encima tendría que compartir su cuarto con otros tres hombres, que por cierto el que dormía en la litera de arriba hablaba dormido, y además muy exageradamente. Todo le iba mal.

Estuvo unos minutos quieto, solamente mirando el somier de la cama de arriba como si fuese interesante. Fuera podía escuchar como hablaban sus nuevos compañeros. ¿Qué hora era? Si tuviese su reloj lo sabría, no solo eso, ya se habría marchado de ese sitio.

-¡Tú! -escuchó exclamar desde la puerta. Allí estaba el hombre rubio, ya vestido pero sin su trenza echa, mirándolo fríamente. -¿Piensa el señorito dormir mucho más?
-¿Eh?… No… -intentó contestar el albino.
-Pues levántate. Hay mucho que hacer. -ordenó dando un sonoro portazo al salir. Parecía muy enfadado.

Fedde se vistió con lo que llevaba puesto la tarde anterior. Aunque destacaba entre la de los demás, no tenía más ropa. Al salir vio como Up corría de un lado a otro llevando lo que parecían unas tablas de madera, estaba muy ocupado. Danielle y Elyan estaban sentados en una mesa llena de folios y lápices. Sería mejor acercarse a ellos, por lo menos habían sido simpáticos con él.

-Bu… Buenos días. -saludo tímidamente.
-Buenos días, ¿qué tal has dormido, Federick? -preguntó la chica sonriente. Elyan tenía la frente apoyada en la mesa y sus rizos se esparcían alrededor.
-Bien… ¿Qué hacéis? -volvió a hablar sentándose al lado de la castaña pero sin quitar los ojos del chico que no decía nada.
-Trabajo… -es le oyó musitar.
-El pobre no ha dormido nada. -explicó Danielle.
-Ni un poco… -dijo levantando la cabeza dejando que Fedde viese las enormes ojeras que rodeaban sus ojos negros, esto junto a su pelo despeinado le daba un aire de muerto viviente.
-Valla aspecto…
-Lo sé… Y lo peor es que no he avanzado nada…
-Pero, mira el lado positivo, ahora somos uno más. -intentó consolarle la chica.
-Pero sigo igual… Y no puedo darle a Federick un papel grande, es su primera obra…
-¿En que trabaja?
-El es el guionista, tiene que adaptar las obras que representamos al mínimo posible de personajes.
-Debe de ser muy difícil. -comentó Fedde.
-Solo míralo, cuando le dan una obra no duerme casi hasta adaptarla. Aquí todos hacemos dos trabajos, yo me encargo del vestuario y atrezzo. Up, construye el escenario y Mikel es el director y encargado de las luces y música.
-¿Y yo que puedo hacer?
-No sé. Pero tranquilo, se nos ocurrirá algo.
-Más le vale. -dijo Mikel desde otra mesa en la que tomaba café.
-¡Que borde eres, Mikel! -chilló Danielle.
-No le gusto ni un poco. -puntualizó Fedde.
-No le hagas ni caso es así con todo el mundo, ya se acostumbrará a que tiene otro compañero. Hasta aguantará que hagas bromas con él. -Danielle se levantó de su silla mirando hacia donde estaba Up. -¡Up! ¡¿Qué es Mikel?!
-¡El tío más duro del mundo! -contestó riéndose este.
-¡Porque Mikel es tan duro que no salta!
-¡Empuja la tierra hacia abajo! -y tras esa tontería ambos se echaron a reír.
-Valla par de bobos. -murmuró el rubio.
-Siempre hacemos esa broma con él. Al principio se molestaba pero ya pasa de nosotros. A base de repetirla miles de miles de veces.
-¿Y que obra vamos a hacer? -preguntó el albino intentando parecer interesado.
-Una que se titula El sí. Va de una chica a la que comprometen con un hombre muy mayor para ella. -comentó Elyan.
-Creo que la conozco, al menos un poco.
-Y estos son los trajes que he pensado hacer. -habló la chica enseñándole sus folios llenos de trazos y colores.
-Valla son muy bonitos, dibujas muy bien.
-No. Solo se me da bien los vestidos para paisajes y personas soy un desastre. Además como y los hago con que yo me entienda vale. -confesó riendo la joven.
-¡Dani! -exclamó Up desde el otro lado. -Ven, tengo lo que me pediste para el atrezzo.
-Voy. Bueno, chicos me voy a poner con el trabajo. Y Federick luego te tengo que tomar unas medidas, ¿vale? -y dicho eso y guiñándole un ojo al chico se marchó.
-Va… vale… -finalizó notando como se ponía algo colorado. Luego miró al chico del pelo verdoso. -Elyan… ¿Te has quedado dormido? -Elyan no contestaba. -Creo que si…

Fedde se sentía muy perdido, aun no creía que fuese todo verdad. Y no solo eso, allí sentado sin hacer nada se aburría. Le gustaría hacer algo como los demás, o entretenerse de algún modo. Miró los folios blancos junto a los dibujos de la chica. Sin pensarlo tomó uno y con un lápiz que encontró también en la mesa comenzó a dibujar. Al albino siempre le había apasionado el arte, sobretodo la pintura, de hecho antes de su “viaje” estudiaba bellas artes en la universidad. Y dibujaba bien, era algo de lo que se sentía muy orgulloso. Movía ágilmente el grafito por el papel creando las formas que el quería tal y como las veía en su mente. Pero había perdido a su principal musa, no podía evitar acordarse de ella, de su exnovia. Pero tendría que esforzarse un poco para olvidarla, y un viaje del tiempo era algo idóneo… ¿Cómo iba a volver? Necesitaba volver. Era su problema primordial en ese momento, tenía que despertarse de aquel sueño, porque aquello era un sueño. A lo mejor estaba en coma… ¡o muerto! ¡¿Y si estaba muerto?! ¡Eso no era más descabellado que un viaje en el tiempo!

Un sonoro portazo llamó su atención. Sur, la bruja, había salido de su carruaje abriendo la puerta de par en par llamando la atención de todos, incluso de Elyan que estaba dormido. Fedde dobló el folio y lo guardó rápidamente en uno de sus bolsillos para que no lo viese nadie.

-Preparaos, chicos. -habló la mujer con tono de superioridad.
-¿Son los militares otra vez? -preguntó Danielle sacando de un hábil movimiento su tablero de ajedrez.
-¡Hay que ver que pelmazos son! -sentencio Up.
-No, son bandidos. No serán gran problema. Y no deben de ser muy listos para atacar de día. Pero seguid con lo que estabais haciendo, que no sospechen.

Fedde no sabía muy bien lo que estaba pasando. ¿Les iban a atacar y estaban tan tranquilos? Claro que Sur ya sabía lo que iba a ocurrir, aquello era muy confuso mirara como lo mirara. Y por no mirar donde debía un hombre lo atrapó por detrás.

-¡Ah! -fue lo único que consiguió exclamar cuando notó que alguien le sujetaba los brazos a la espalda y colocaba una navaja pegada a su cuello.
-¡Fedde! -exclamó Elyan intentando que los demás se percatasen de lo ocurrido. Todos se giraron en la dirección de las exclamaciones de su compañeros.
-¡Si dais un paso más, rajo a la chica! -bramó el bandido que ocupaba más del triple que Fedde.

“¿Chica?” Fue lo que pensó el albino más que en el peligro que corría. Mientra que alrededor del grupo aparecían más hombres con el mismo aspecto de rudos que el que tenía preso al Fedde. Como mandaban los actores no se movieron ni medio centímetro, pero se les veía tan preparados que Fedde estaba seguro de que le salvarían.

-Jefe la otra chica también es muy linda. Deberíamos de llevárnosla. -habló uno de ellos situado detrás de Danielle.
-¡A mi no me vais a llevar a ningún lado! ¡Y a Fedde tampoco! -exclamó la aludida en tono enfadado perdiendo los nervios. Rápidamente sacó de su bolsa un par de peones y lo colocó en el tablero que sostenía con la mano izquierda. De inmediato aparecieron dos pequeños, que a la chica le llegaban por la cintura soldados metálicos con grandes cascos y puñales.
-¡Dije que no os movieseis!

Fedde notó el frío metal en su cuello y como le hacía un ligero corte en la base de la barbilla. Pero ni un segundo después un sonoro disparo le sobresaltó, el hombre se retorcía en el suelo con el hombro ensangrentado y el estaba libre. A unos diez metros Mikel sostenía un arma de fuego con la que había disparado. Pero aquel rescate fue también el desencadenante del ataque de todos esos hombres de aspecto peligroso. Fedde estaba asustado, y no lo negaría, nunca le habían gustado las peleas, y menos cuando el que te quiere agredir tiene una navaja.

En menos de un segundo ya no sabía que pasaba solo veía a los bandidos intentando atacar a la compañía. Pero casi no tenían nada que hacer contra ellos. Los pequeños soldados de Danielle luchaban mano a mano con los asaltadores mientras que ella solo movía las piezas por el tablero manejándolos. Al atacar a Up sufrían inexplicables cortes sin que el pelirrojo llegase a rozarles. Todo el que se acercaba al aparentemente inofensivo Elyan recibía una fuerte patada. Y a Mikel ni si quiera podían acercarse. Pero aun así no se rendían por mucho que acabasen magullados a manos de unos actores. En ese momento se sintió un tanto inútil ya que no podía hacer otra cosa que intentar esquivarlos y a veces ser salvado por sus compañeros.

Y como era previsible volvieron a atraparlo. Esta vez amarrándole por los tobillos haciéndolo caer al suelo. Y estuvo apunto de apuñalarlo pero Fedde consiguió evitarlo en el último momento agarrando con todas sus fuerzas el brazo del hombre, sabía que no aguantaría mucho en esa situación.

-¡Federick! -gritó Elyan mientras se zafaba de otro hombre con una simple patada. -¡Coge un palo o algo!

-¿Un palo o algo? -Habló el albino para si mismo girando la cara para mirar a su alrededor. A menos de dos metros estaban las maderas que Up y Danielle usaban para el atrezzo. -¿Eso servirá?

Lo más rápido que pudo intentando que no le clavasen nada agarró lo que parecía una escoba. Con la que solo pudo dar un golpe en la cabeza de su agresor pero que sirvió para escapar de él. Aunque poco más pudo usarla ya que solo un para de minutos después sus compañeros habían conseguido ahuyentar a la banda sin problemas y solo él estaba herido. Eso sí el campamento había quedado destrozado.

-Menudo desastre. -habló Up con las manos en jarra.
-Ni que lo digas va a costar mucho arreglarlo. Esta gente es una verdadera molestia. -siguió Danielle.
-¿He? -se preguntó Fedde. -¿Hemos estado apunto de morir y solo pensáis en lo que va haber que limpiar?
-No. -rectificó Mikel -Dirás que tú has estado apunto de morir, nosotros no hemos tenido ningún problema.
-Por… por cierto, Federick. -intentó decir Elyan. -Tendríamos que curar eso.

Fedde se miró la sudadera. Estaba llena de sangre que había salido de la herida de su barbilla, se había hasta olvidado de que la tenía.

-Sa… Sa… Sa… ¡Sangre! -gritó el albino alarmado.
-¡Tranquilo! No es grave. -Intentó calmar la chica al ver que el joven estaba apunto de desmayarse por la noticia.
-¡Odio la sangre!
-Ya, no hace falta que lo jures. Voy a por el botiquín de emergencias. -rió el pelirrojo uniendo el dicho con el hecho.
-Anda deja que lo vea. Yo te curo. -continuó ella acercándose a el chico. -Es solo un arañazo, no es profundo. No te preocupes.
-Pero estoy sangrando mucho.
-No, ya se ha cortado la hemorragia. Eso sí es una pena lo de tu ropa, con lo mal que sale la sangre. -comentó el chico de los rizos.
-Mikel puede dejarte algo. Más o menos tenéis la misma talla.
-¿Yo no voy a dejarle nada?
-Vamos… Algo que no uses. Se supone que eres su compañero. Por favor… -pidió Danielle poniendo cara de niña buena.
-Miraré en mi armario, pero no garantizo nada.
-Gracias. -dijo Fedde algo avergonzado.
-Ya he traído las cosas. -anunció Up acercándose al herido.
-Muy bien. A ver ese corte.
-Voy a empezar a recoger. -comentó Elyan cuando encontró un papel doblado en el suelo cerca de donde estaban. -¿Qué es esto? -lo desplegó y se encontró con un retrato echo a lápiz de la castaña muy detallista. -¡Hala! ¡Mirad que dibujo!
-A ver.  -pidió ella.
-¿Qué es? -preguntó Up.
-¡Soy yo! ¡Que bonito! ¿Lo has hecho tú Federick?
-He… esto… sí… -contestó muy avergonzado por que lo hubiesen visto.
-Dibujas muy bien. ¿Eres un artista?
-No… solo un estudiante… -confesó.
-Pues se te da de lujo.
-¡Oye! -exclamó Up. -¿Y por qué Fedde no se encarga de dibujar los carteles de las obras?
-¡Buena idea! Seguro que con un dibujo bonito conseguimos más publico que solo con un papel con la información.
-Pero… no se si…
-¡¿No sabes qué?! -lo harás estupendamente.

A los chicos se les veía tan entusiasmado que Fedde no se atrevió a decirles que no. Por lo menos ya tenía una función en el grupo teatral. Ellos le habían proporcionado todo el material necesario, papales, cuadernos, pinturas. Todo lo que el chico necesitase. Y en cuanto a la ropa, finalmente Mikel accedió a prestarle una larga chaqueta de tela fina y azul eléctrico que le llegaba por las rodillas. Aunque no se le veía muy convencido de hacerlo.

El resto del día lo pasó trabajando en la mesa junto a Elyan y Danielle. Casi se le había olvidado donde estaba, y el ataque que sufrieron esa misma mañana. Pero le asustaba la idea de que pudiese llegar a acostumbrarse a eso un día.

Y mientras. La bruja solo sonreía de manera misteriosa dentro de su aislamiento, sabiendo todo lo que ocurría en ese momento.

viernes, 11 de noviembre de 2011

FP: Danielle Abiageal


Nombre: Danielle Abiageal

Apodo; Dani.

Edad: 25 años.

Fecha de nacimiento (En la tierra): 14 de abril.

Altura: 1, 57 m

Peso:  46 Kg

Procedente de: Jaroba.

Raza: Jarobesa.

Ocupación: Actriz en la compañía y encargada del vestuario y atrezo.

Familia: Tras la Segunda Guerra vivió junto a su hermana en la casa de los Millerson pero su hermana murió tras una larga enfermedad por lo que está sola aunque considera a sus amigos como una familia. No quiere casarse pero si le gustaría tener hijos.

Descripción física: Danielle es una joven linda de cara dulce y cuerpo delicado. Puede parecer poca cosa a causa de su tamaño y de lo delgada que está. No tiene casi curvas cosa por la cual está bastante avergonzada. Su piel está suavemente bronceada, su pelo es largo ondulado y de color marrón. Sus ojos son almendrados y también marrones, su nariz es redonda y chata y sus labios son finos.

Personalidad: Es una persona valiente, que no piensa en las consecuencias de sus actos. Odia las injusticias y siempre está dispuesta a hacer cualquier cosa por ayudar a alguien. Suele ir acelerada por el mundo, es muy entusiasta, dulce y alegre. Pero con la gente desconocida es muy desconfiada y puede llegar a ser muy celosa y posesiva con sus amigos.

Arma: Sus piezas de ajedrez.

Médium: Sí, de manipulación.

sábado, 8 de octubre de 2011

FP: Elyan Lovel


Nombre: Elyan Lovel

Apodo; Rizos.

Edad: 22 años.

Fecha de nacimiento (En la tierra): 5 de julio.

Altura: 1, 69 m

Peso:  52 Kg

Procedente de: Rinzoa

Raza: Mestizo entre rinziano y jarobés.

Ocupación: Actor y guionista en la compañía. Adapta obras de teatro pero le gustaría llegar a ser escritor.

Familia: Su padre (jarobés) era un viajero que fue a Rinzoa por una temporada pero que acabó por enamorarse de la que luego sería su madre. Pero él murió en el comienzo de la Segunda Guerra y a él y su madre se los llevaron en el contrabando de personas, más tarde su madre murió porque un hombre la empujo por un balcón.

Descripción física: Elyan es un joven de pelo verdoso pero muy oscuro casi negro el cual lo lleva suelto, largo por los hombros y muy rizado. Sus ojos son negros, brillantes y redondos, su piel muy pálida pero siempre tiene dos rosetones que adornan sus mejillas. Su nariz es bastante respingona y su rostro redondo. Es bastante bajito.

Personalidad: Elyan es lo que se conoce como una persona encantadora, parece estar permanentemente de buen humor, es educado, servicial y siempre se esfuerza al máximo. Buen amigo de sus amigos se preocupa siempre por ellos. Es una persona muy sensible que ve belleza en todo lo que le rodea. A veces es algo alocado y bastante patoso, le tiene pánico a las alturas.

Arma: Lucha con sus conocimientos de artes marciales.

Médium: No.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Brujos y brujas.

Al igual que los médium existen otras personas capaces de desarrollar diferentes habilidades sobrenaturales. Los brujos. Estos se diferencian bastante de los humanos convencionales, incluso de los médium. Para empezar son mucho menos comunes, ya que es muy difícil que nazca un niño brujo. Son incluso más poderosos que un médium humano, y todos son capaces de desarrollar sus poderes desde niño.

Pero la mayor diferencia es la esperanza de vida, que ronda los 1800 años (900 años equivalen a 50 humanos) además no pueden morir por, daños o enfermedades. El único modo de que un brujo muera es pronunciar su autentico nombre.

Cuando un brujito nace Jen (diosa de Inclán) le asigna un nombre "autentico" luego los padres le ponen uno a su elección como sería lo normal. Si alguien descubre el nombre de un brujo esta es la mayor desgracia que podía ocurrirle. Si alguien exclama la siguiente oración: "Que resuene en las montañas, que se lo lleve el viento, recorre el mar, y húndete en la tierra... Yo te nombro: (NOMBRE REAL)" acabará con la vida de dicho brujo.

Fisiológicamente son idénticos a un humano corriente salvo por el color de pelo. Ellos suelen tener unos cabellos llamativos, verde, rosa, naranja, amarillo... la única que no sigue este rasgo es Sur que lo tiene marrón.

LAS BRUJAS DE INCLÁN.

Jen siempre tiene cuatro brujas a sus ordenes que ayudan a que la supervisión de Inclán sea más sencilla. Estas son las brujas de Jen, aunque ahora sean brujas también pueden ser brujos. Cuando se les otorga este rango obtienen nuevos nombres dependiendo del continente a su cargo. Norte, (Dochama), Este, (Rinzoa); Sur (Nomunau); Oeste (Jaroba) no es necesario que la bruja haya nacido en dicho continente. Pero si que habitan en ellos, en un castillo dispuesto para cada una.

Estas brujas tienen un poder superior a todos los demás, pueden saber lo que les sucede a todos los habitantes de Inclán en cualquier tiempo de la existencia de los mismos. Pero tienen la restricción de no saber lo que les pasará a ellas mismas y a sus homólogas.

Las brujas tienen cada una un símbolo distintivo siendo:

 NORTE
                                                                                                  ESTE            
 SUR
                                                                                                  OESTE










Y Además las brujas de Inclán usan sus conjuros bailando cada una en su símbolo sobre este circulo:


jueves, 1 de septiembre de 2011

2. Compañía teatral Divinas Palabras.

Fedde seguía paralizado desde su posición. No sabía quienes eran sus salvadores, pero desde luego se alegraba de que estuviesen allí. Los soldados estaban tan atónitos como él, ninguno sabía que hacer sin las ordenes de la mujer pelirroja que solo miraba con odio a la otra castaña.

-¡Dejadle en paz! -exclamó la última.
-No te interpongas en esto, señorita. No quiero matar a una jarobesa también, y menos a una médium. -habló la de los cabellos naranjas.
-Va conmigo, tienen la licencia de inmigración. ¿Verdad… Máximo? -improvisó su defensora girando la mirada hacía él.
-Sí… -contestó atónito, sobretodo porque debía de ser verdad que tenía cara de llamarse así. Aunque a su nerviosismo se le sumó el poder ver al fin el rostro de su heroína, que era realmente bonito.
-¿Ves? Somos de una compañía teatral. Viajamos por todo el mundo para animar a la gente en estos tiempos locos y todos tenemos la licencia.
-Así es. -intervino un hombre pelirrojo y de tez bastante oscura al cual se le veía de lejos que era inmigrante.
-Nosotros tampoco somos de Jaroba, vamos con él y tenemos nuestras licencias. -habló otro joven de pelo oscuro y muy rizado mostrando una libreta.
-Compruébalo. -ordenó la militar a uno de sus hombres. El cual se la quitó al moreno de una manera algo brusca.
-Es auténtica. -concluyó este.
-¿Ves? -recriminó la joven de pelo café.
-Por ahora os habéis salvado. Pero que vuestro amigo ande con cuidado. -finalizó la mujer no demasiado convencida. -¡Retiraos!

Sin decir nada el soldado de hierro que acompañaba a la chica agarró a Fedde del brazo para obligarlo a caminar por donde el le indicaba acompañado de la mujer y seguidos por los otros dos extranjeros. Ahora que la miraba bien era una mujer muy joven, tal vez un par de años mayor que él. Tenía los cabellos largos hasta la cintura sin flequillo, adornado con un pañuelo anaranjado. Sus ojos eran también marrones y de forma almendrada. Y su piel estaba ligeramente bronceada. Era de pequeño tamaño y muy delgada, su cuerpo parecía bastante infantil y frágil. Pese a la incómoda situación que se había creado ella miró a Fedde y le dedicó una sonrisa.

-No te preocupes, no volverán a molestarnos por ahora. Me llamo Danielle Abiageal. Y ellos son Elyan Lovel y Up. -dijo señalando a los dos chicos que tan solo iban un par de pasos por detrás. -¿Cómo te llamas tú?
-Eso porque no creo que se llame Máximo. Menudo nombrecito. -bromeó el más alto de los chicos.
-Fue el primero que se me pasó por la cabeza. -contestó ella con una sonrisilla.
-Dani como siempre tan temeraria. -habló el tercero.
-Me llamo Federick Roseblade, pero llamadme Fedde, odio el nombre de Federick. ¿Y él como se llama? -preguntó señalando la armadura.
-¿Él? No tiene nombre… Ni siquiera es una persona. -dijo Danielle riendo mientras que con un chasquido de dedos hizo que la armadura se desintegrara en miles de fragmentos que desaparecieron en el aire solo quedando un alfil de ajedrez tirado en el suelo. -Soy médium.
-¿¡Médium!? Pero si yo creía que no quedaban… -habló algo entrecortado.
-Hombre, no hay ya muchos pero Danielle y Up son la prueba de que sí hay.
-¡Eso que yo también lo soy!
-Si que debes de ser de lejos nunca había visto una ropa así. -volvió a decir Elyan.

Ahora que les miraba bien se daba cuenta, él iba vestido con una sudadera y unos pantalones vaqueros. En cambio los chicos que acababa de conocer vestían de lo más raro. La joven llevaba una larga falda que llegaba hasta los tobillos de lo que parecía gasa blanca y marrón y una camisola del mismo material color amarillo.

Elyan, mirándole más detenidamente, aparte de llevar una camisa blanca de botones abrochado completamente de arriba a bajo y unos pantalones de vestir negros. Tenía el pelo verdoso, muy oscuro pero verdoso. Debía de ser de Rinzoa puesto que ese color de pelo es autóctono de ese continente. Pero lo tenía rizado (cosa no tan corriente) y le llegaba hasta los hombros. Sus ojos eran de un intenso color negro y muy redondos. Pero cuando le mirabas a la cara lo primero de lo que te percatabas era de su nariz puesto que era muy respingona.

Por otro lado estaba Up, que claramente había llegado desde Nomunau. Su color de pelo y tez morena le delataban enseguida. Su pelo rojo estaba alborotado como si acabase de despertar, cada mechón por un lado sin seguir ningún patrón. Sus rasgos faciales eran fuertes y rectos lo que remarcaba su aire de masculinidad. Sus ojos eran grises caros lo que hacía que destacasen sobre el color oscuro de su piel. Era muy alto y se le veía fuerte, la verdad es que imponía bastante.

-Bueno ya hemos llegado al campamento. Te puedes quedar aquí, pareces perdido. -dijo la chica cuando llegaron a una pequeña zona en la que se veía un trío de carruajes de madera.
-¡¿Dónde estabais?! -exclamó una voz bastante grabe. Esta pertenecía a un hombre más o menos de la edad de los otros de largos cabellos rubios.
-Ya sabes como es Danielle, vio a un chico en apuros y como tiene complejo de heroína fue a salvarlo. -habló Up.
-Sí… Me llamo Fedde… ellos me han ayudado. -explicó el albino algo asustados, ese hombre de aspecto frío no le daba muy buena espina.
-Le había atrapado el ejercito. Pero no tiene licencia, le querían matar. -replicó Danielle acercándose a él.
-¿Y eso era asunto tuyo? -inquirió el rubio bastante molesto.
-¡Pues sí! ¡Mikel, eres un insensible! -le regañó metiéndose enfadada en uno de los carros.
-¡Y tú una insensata! ¡¿Y si os hubiese pasado algo?! -le contestó él.
-¡Pero no ha pasado! -se escuchó.
-Bueno no discutáis, parece que lleváis veinte años casados. -se rió Elyan.
-¿Y tú que piensas hacer? -preguntó Mikel a Fedde en un tono bastante antipático.
-No… no lo sé… no sé ni donde estoy…
-Creo que deberíamos dejarle con nosotros un tiempo. -propuso Up. -Por lo menos hasta que lleguemos a un pueblo.
-Eso, no puede ir solo por ahí sin licencia. -siguió Elyan.
-Pues preguntádselo a Sur. -indicó el rubio.
-¿Dónde está?
-¿Dónde va a ser? En su carroza, nunca sale de ella. Ahora voy a hablar con esa loca para que se le pase el mosqueo. -finalizó poniendo rumbo a donde estaba la chica.
-Que borde es.
-Y mal educado, no se ha presentado.
-No pasa nada, parecía que estaba preocupado. -habló tímido Fedde.
-Puede ser. Se llama Mikel Millerson, es el director de la compañía.
-¿Director? -preguntó Fedde.
-Sí, esta es una compañía de teatro ambulante. Pero vamos a sentarnos mientras te lo contamos. -dijo Elyan sentándose en una mesa plegable que había entre las dos carrozas.
-Bueno, El, cuéntaselo tú. Yo voy a ver si la jefa está visible. -comentó Up.
-Vale, anda Fedde ven aquí.
-¿Entonces sois una compañía? -preguntó sentándose enfrente del moreno.
-No exactamente. Las Divinas Palabras somos algo más que eso. En realidad  se diría que somos una especie de resistencia.
-Creo que me he perdido.
-Una resistencia, ya sabes contra la guerra. Bueno eso es lo que pretendemos, aunque por ahora solo somos nosotros cuatro y la jefa. Queremos viajar por todo el mundo para reclutar gente que esté en contra de todo lo que está ocurriendo ahora. Por eso lo hacemos con la máscara de actores, porque a los artistas les dejan pasar a todas las ciudades.
-Valla… esto… Elyan… ¿Puedo hacerte una pregunta muy tonta?
-Supongo.
-¿En qué año estamos?
-¡¿Eh?! Pues en 1779, en cual si no.
-Cla… claro. Que cabeza la mía… -rió intentando disimular que no lo sabía de verdad.
-Pero… ¿Cómo has llegado hasta aquí?
-No me creerías. Ni yo lo sé muy bien. Y lo peor que no sé como volver a mi casa. - habló en tono apenado.
-¿No te acuerdas?
-No es eso… digamos que he perdido mi vehículo.
-Pues eso sí que es un problema. -pareció que el chico del pelo acaracolado se paró un momento a pensar. -¡Ya lo tengo! ¡Puedes trabajar aquí hasta que encuentres tu casa! ¡Cómo viajamos mucho seguro que pasamos por allí!
-Pero… -intentó hablar Fedde pero la verdad es que no tenía ninguna opción mejor que esa.
-Eres un chico muy raro. Ojala Sur deje que te quedes. Me has caído muy bien. ¿Eres buen actor?
-No lo sé nunca lo he intentado…
-Pues todo es ponerse. Ya verás, si te quedas con nosotros te lo pasarás en grande. Yo en realidad viajo para recibir inspiración. Quiero ser escritor. Pero ya no me imagino el mundo sin estos locos. -habló de forma tierna y cercana. La verdad es que la voz de Elyan a Fedde le resultaba muy agradable, parecía una persona muy cálida y amable, casi como un hermano mayor.
-¡Rizos! ¡Dice Sur que quiere hablar a solas con el chico! -exclamó Up interrumpiéndolos en su conversación.
-Vale, Up. -respondió el aludido. -Más vale que no tardes, si se enfada tiene mal humor…
-Vo… Voy…

Fedde tocó a la puerta del carruaje del que había visto salir al pelirrojo de piel oscura. Esperó unos segundos cuando una voz femenina le dio permiso para que entrara. El interior era mucho más amplio de lo que parecía desde fuera. Y mucho más oscuro y tenebroso. Las paredes estaban plagadas de libros y frascos de cristal. En el fondo sobre una mesa y un tapete violeta reposaba un candelabro con un par de velas que iluminaban el rincón. Esto era lo único que permitía ver una mecedora de madera moviéndose rítmicamente.

-Federick… Federick… Federick… -se escuchó la voz murmurar camuflado por los chirridos de la silla al balancearse. El chico no se atrevió a hablar puesto que aquella situación le daba incluso más miedo que la de los militares. -¿eres conciente de lo que te ha pasado?
-¿A qué se refiere? -dijo disimulando el joven.
-A mi no me lo tienes que ocultar. Sé perfectamente porqué estás aquí. -musitó levantándose. Entonces fue cuado comprobó que Sur era una mujer castaña, de rasgados ojos dorados. Aunque su pelo era mucho más corto, y sus puntas se rizaban exageradamente la reconoció enseguida.
-Tú eres la de la tienda. -sentenció Fedde.
-¿Tú crees? Federick. -dijo con el mismo tono meloso con el que le había vendido el reloj.
-Sí, estoy seguro. ¡Por favor devuélveme el reloj!
-¿Devolver? Para eso debería de tenerlo. Y yo ahora no lo poseo.
-¡¿Pero tú me lo vendiste?!
-No, permíteme que te corrija. Yo no te lo vendí, yo te lo venderé dentro de 103 años.
-¡¿Qué?! ¡No puede ser! ¡¿Esto es una broma?!
-No… tú no harás lo que yo te advertiré y por eso llegarás aquí.
-¡¿Y tú como sabes eso?!
-Porque ese ha sido mi plan desde el principio. Soy Sur, la bruja de Jen en Nomunau, habitante de todos sitios y de ninguna parte. Viviente en ningún tiempo y en todos. Sé lo que pasa ahora, luego y antes. Sé lo que té ha pasado y porqué estás aquí. Sabía lo harías cuando te vendiera el reloj al igual que sé lo que estabas haciendo hace menos de una hora. Sé lo que hace todo el mundo en todos los lugares de Inclán y en todos los tiempos del mismo. -habló muy orgullosa por lo bien que le había quedado el discurso.
-¡¿Entonces sabes como puedo volver?! -exclamó ya bastante desquiciado.
-Calma… Claro que lo sé, también sé cuando lo vas a hacer. Pero antes de eso tienes que acabar lo que debes acabar aquí.
-¡¿El qué?! ¡¿Cómo lo hago?! ¡Por favor tengo que regresar!
-Entiendo que estés asustado y quieras irte, pero no puedo decirte más que esto. Solo las Brujas de Jen podemos saber lo que pasará en el después. Lo único que puedes hacer tú es no perder el ahora.
-No entiendo nada. -confesó bajando la cabeza.
-Ya lo irás entendiendo. Federick Roseblade. A partir de hoy eres parte de las Divinas palabras. Disfrútalo y trabaja duro.

Sin decir nada a causa de que en ese momento se encontraba muy abatido Fedde salió de la carroza sin entender mucho de lo ocurrido. Al abrir la puerta se encontró co  las orejas de Elyan, Up y Danielle pegadas a la madera. Intentaban escuchar la conversación que se había mantenido al otro lado, por cierto, sin ningún buen resultado.

-¿Qué ha pasado? -preguntó la joven.
-¿Deja que te quedes con nosotros? -siguió el moreno.
-Sí… ahora soy de Divinas Palabras. -contestó él sin mucho ánimo.
-¡Que bien! -exclamó ella dando un salto.
-Pues bienvenido, chaval. -dijo Up dándole un golpe en la espalda.
-Verás que bien te lo vas a pasar con nosotros, veremos mundo, haremos actuaciones… -comentó Elyan.

Fedde quería irse de allí, por muy bien que le tratasen esos chicos él quería volver a su típica y aburrida vida diaria. Por mucho que ellos se pusiesen alegres por tener un nuevo compañero, él no podía sonreír con naturalidad. Desde luego era una situación hartamente extraña. Pero estaba convencido de que sería la primera de muchas situaciones hartamente extrañas…

CONTINUARÁ...

domingo, 21 de agosto de 2011

1. Fedde, el chico más desgraciado del mundo.


¿Quieres escuchar una historia? ¿Te cuento una? ¿Cómo la quieres? ¿De que género? ¿De aventura? ¿De guerra? ¿Trágica? ¿Romántica? ¿Y divertida? Esas es demasiado para una sola… ¡Espera! Ya lo tengo, te puedo contar la historia de Fedde Roseblade en las Fechas Rojas.

¿Qué que son las Fechas Rojas?

Creo que debería empezar por otro lado. ¿Conoces el mundo de Inclán? ¿No? Pues no te apures, eso es muy normal, en realidad poca gente lo conoce. Inclán es un planeta, muy parecido al nuestro, pero no igual. Sus habitantes son muy parecidos a nosotros, pero no iguales. Su superficie está dividida en cuatro grandes continentes uno en cada punto cardinal; comenzando por el norte está Dochama, el continente de nieve; al oeste Jaroba cubierto de grandes montañas; en el sur Nomunau árido e inhabitable; y por último Rinzoa y sus grandes lagos al este. Esta historia está ambientada allí, en Inclán, hace unos cien años aproximadamente.

Pero comienza en un sitio y tiempo muy determinados. ¿El lugar? Dolgas, un país en el continente de Dochama. ¿El día? Ayer mismo. Ahí comienza nuestra historia…

-----------------

Era un día nevado, como todos realmente en aquel continente. Pero hacía un par de horas que el agua helada de las nubes había dejado de caer. El mismo tiempo que llevaba ese chico ahí parado, sobre ese puente construido en hielo desde el cual se veía la gran ciudad blanca extenderse hasta donde podía vislumbrar. Todavía no se creía lo que le había ocurrido.

Fedde Roseblade era un chico bastante alto pero muy delgado, tanto que a veces parecía que el viento se lo podía llevar. De aspecto afeminado, casi andrógino, era ánimo de burla para muchos. Su pelo era blanco como la propia nieve de Dochama y se disimulaba con su piel casi espectral. Siempre tenía el extraño detalle que llevar en el pelo una rara orquilla redonda más propia de una niña pequeña que de un chico de casi veinte años. Mientras que sus ojos eran de un intenso color rojo sangre y estaban algo caídos lo cual le daba siempre una expresión triste y algo melancólica. Para nosotros su aspecto podría ser de lo más intrigante, pero no os preocupéis en Dochama todo el mundo sigue ese patrón.

-¡Soy el chico más desgraciado del mundo! -consiguió chillar agarrado a la barandilla del puente mientras que todo el que pasaba por ahí miraba la escena.

El chico estaba dolido por lo que le había pasado hacía un par de horas, tanto que ni se había dado cuanta que todavía tenia acumulada en la cabeza una montañita de nieve. Su novia había cortado con él, ella era una chica preciosa, de cabellos blancos y ojos rojos, como todos allí. Fedde estaba loquito por ella, pero la chica se enamoró de otra persona. ¡De otra chica! No se lo podía ni creer. Su novia le había dejado por una chica. La situación le parecía sacada de un cuadro surrealista de esos que estudiaba en su facultad de arte.

-¿Quieres dejar de quejarte? -preguntó con tono imperativo una joven algo mayor que él que se le acercaba con cara de enfado.
-Reya, tú no puedes entenderlo. -contestó él.
-Y tú no puedes estar todo el día lamentándote, ya encontrarás a alguna mejor que ella. ¡Para algo eres mi hermano menor!
-¿Y si no la encuentro?
-Pues tírate por el puente, y deja de llorar. ¡Máximo!
-¿Por qué me llamas así?
-No sé creo que ahora mismo te pega más que Fedde.
-Prefiero no saber por qué.
-Anda anímate un poco, vente conmigo de compras.
-Eso no me va a animar.
-Pero así te tengo alejado de los puentes. No me fío de ti ni un pelo. -finalizó mientras comenzaba a caminar. -¡Y haz el favor de quitarte la nieve de la cabeza!

Siguiendo a su hermana cabizbajo por las blancas e impolutas calles de hielo de la ciudad no se daba ni cuenta de por donde le conducía ella. Por ese mismo motivo cuando la joven se paró en seco su hermano se chocó contra ella casi provocando que ambos cayesen al suelo. Por supuesto la chica le hizo despertar de su ensimismamiento con un sonoro grito pero poco duró porque enseguida se fijó en la extraña tiendo que había frente a ellos.

A diferencia de la mayoría de los edificios ese no era de hielo, si no de ladrillo, algo muy raro allí. No era muy grande parecía estar encajada entre los dos grandes edificios que había a cada uno de sus costados. La puerta era de madera y cristal tintado, como si fuese parte de una vidriera de una iglesia. Se podían distinguir en ella cuatro figuras que podrían parecer mujeres. Y el la parte de encima cuatro extraños signos tallados a contra relieve. Decidieron entrar, ni si quiera sabían porqué, pero al hacerlo unas campanillas les dieron la bienvenida a la tienda más rara que habían visto nunca. Repleta de libros antiguos, objetos cubiertos por una gruesa capa de polvo, cristaleras con lo que parecían líquidos de desconocida naturaleza…

-Os esperaba… -susurró una voz desde una mecedora que chirriaba al moverse.

Ni un segundo después una mujer se levantó de su asiento fijando sus finos ojos rasgados en la pareja. Su pelo castaño y con miles de tirabuzones y color tostado de piel indicaban que era inmigrante, seguramente de Jaroba. Lucía un estrambótico vestido que cubría hasta los pies y una boina roja y dorada a juego. Daba la impresión de ser una bruja.

-Bienvenidos a La Tienda de Sur, mirad todo lo que queráis.
-Gra… gracias… -musitó la hermana mayor.

Fedde miraba con sus nerviosos ojos escarlata todo lo que en aquel sitio había. Ninguno de los títulos de los libros de las estanterías le sonaba. Desvió su mirada a un mostrador de cristal. En él había un tablero de ajedrez portátil con las piezas colocadas dándole jaque al rey blanco, un colgante con una P tallada en madera, un carrete de video bastante viejo en la que se podía leer “La edad oscura.”, un par de pendientes con piedras incrustadas, un parche negro muy parecido al de un pirata y un reloj de bolsillo. Un reloj que le hipnotizó nada más fijar su mirada en él. No era como todos, tenía algo mágico, no solo por que además de mostrar la hora indicase también el día, el mes e incluso el año.

-¿Te gusta? -dijo de improviso la mujer.
-¿Eh? -fue lo único que consiguió decir saliendo de la hipnosis.
-El reloj, ¿te gusta? Es toda una reliquia de la Tercera Guerra. Nadie lo ha llevado encima desde que su dueño murió en las Fechas Rojas.
-¿Quién era su dueño?
-Yo que sé, solo sé que te lo estoy intentando vender.
-No sé eso de que su anterior dueño muriese me da mala espina.
-Solo los tontos creen en las maldiciones y la mala suerte.
-Ya… pero…
-Este reloj es único, no encontrarás ninguno igual en el mundo. ¿No crees que tener algo así puede animar mínimamente a un corazoncito roto? -continuó ella con voz melosa mientras se agachaba a sacarlo del mostrador.
-Puede que tenga razón. -musitó el albino sin despegar la vista del objeto.
-Anímate Fedde. -aconsejó su hermana desde atrás.
-De acuerdo me lo quedo.
-Estupendo te haré un precio especial por ser tan guapo.
-Jeje, gracias. -habló algo colorado por el cumplido.
-Como ves no está en hora. -mostró la mujer de exagerados rizos.
-Ni en fecha. -puntualizó el joven mientras lo observaba detenidamente, ahora podía ver que detrás tenía inscrito con una caligrafía bastante buena “Este es nuestro momento en el tiempo” .
-En efecto, ni en fecha, por lo que te voy a pedir que nunca atrases este reloj por detrás del día de hoy.
-¿Por?
-Tú no lo hagas, este reloj es muy viejo, podría estropearse.
-Va… vale… -finalizó en tono bastante extrañado.

Después de la compra del chico la tarde pasó de tienda en tienda sin ningún punto destacable en la historia. Finalmente llegaron a la casa de la familia Roseblade, y con la inercia de la monotonía diaria Fedde se encerró en su cuarto a acabar un trabajo para su clase de arte. Pasó un rato indefinido delante del lienzo, deslizando su pincel con delicadeza pero decididamente, casi había olvidado lo que le había ocurrido hacía unas horas, casi. De pronto y sin ningún tipo de aviso entró Reya en el cuarto.

-Fedde, anda ve a hacer un recado por mi…
-¿No sabes llamar a la puerta? Además no voy a hacer tus trabajos.
-¡Venga, tío!
-¡Reya! -se escuchó exclamar a la madre desde otra habitación de la casa. -¡No tengas morro y sal tú!
-Por una vez que pido algo… -y musitando algo que el albino no escuchó pero debía de ser alguna palabra mal sonante dejó de nuevo la habitación.
-¡Eso me recuerda que no he puesto en hora el reloj! -dijo para si mismo.

Buscó en el bolsillo de su chaqueta el reloj y se sentó en el escritorio como si aquella acción requiriese un gran esfuerzo por su parte. Movió con cuidado las ruedas que hacían girar las agujas, le llevó un buen rato puesto que la hora que marcaba el reloj difería no solo en días si no que también en años. Por suerte tenía una ruedita exclusiva para los años y otra para los días. Sería verdad eso que dijo la mujer de que nadie lo había usado desde la tercera gran guerra… Pero ¿la batería había durado tanto? Aparte de eso, Fedde tenía una manía, no tenía ningún fin, era solo una manía, solía atrasar los relojes cinco o diez minutos de lo normal. En ese momento no le pareció ningún problema.

Fedde intentó continuar con su trabajo afanosamente pero una vez  que se le distraía era imposible que volviese a concentrarse. Pasaron unos cinco minutos sin que hiciese nada más que mirar el lienzo a medio terminar, le daba la impresión de que no había avanzado nada en su trabajo, como si no hubiese pintado nada nuevo. Pero algo más le distrajo, un suceso algo raro.

-Fedde, anda ve a hacer un recado por mi… -repitió Reya de nuevo entrando en su cuarto.
-¿Otra vez?
-¡Venga, tío! ¡Si casi nunca te pido nada!
-Pero si me lo has dicho hace cinco minutos…
-¡No! ¡Encima que hoy te he animado!
-¡Reya! -se escuchó otra vez exclamar a la madre desde la misma habitación de la casa. -¡No tengas morro y sal tú!

Y de nuevo lo mismo… ¿Qué había pasado? ¿Le estaban tomando el pelo o algo así? Por un momento su fructífera imaginación de futuro artista pensó que… ¿y si no era una broma? Miró el reloj que había dejado sobre su escritorio… Era lo único raro que había en el cuarto… Lo tomó, no sin algún miedo, y lo retrasó… no mucho solo un minuto. Pero en cuanto bajó la ruedita del cambio de hora volvió a sobre saltarse.

-Fedde, anda ve a hacer un recado por mi… -volvió a pedir por tercera vez su hermana mayor.
-¿Qué está pasando aquí? -preguntó para si mismo muy sorprendido.
-¿De que hablas? ¡Venga, tío!
-¡Reya! ¡No tengas morro y sal tú! -y ella de mala gana dejó la habitación.

¡¿Qué?! ¡¿Había viajado un minuto al pasado?! ¡No era posible! Si era así… ¡Era perfecto! La mejor noticia que le habían dado en todo el día. Haría una prueba algo más fehaciente, no lo retrasaría tan solo unos minutos, no, lo haría una semana. Esto no solo era por hacer la prueba si no porque estaba seguro de que si hablaba con su novia antes de que conociera a “la otra chica” no le dejaría.

Volvió a mover la rueda con decisión, ya podía sonreír y cantar victoria. Apretó y…

¿Dónde estaba?

Esa no era su habitación.

No era su casa.

Ni su ciudad.

Ni si quiera su continente, Dochama.

Estaba en un bosque, o eso le parecía ya que la visión la tenía bastante nublada. No hacía frío, tampoco calor. Estaba confundido, algo asustado, muy nerviosos, y completa mente solo. ¿Qué había pasado? Buscó por todos lados el reloj, solo tenía que adelantarlo. ¡No estaba! ¡El reloj no estaba por ningún lado! Ni en sus bolsillos, ni en el suelo… ¡¿Qué iba a hacer entonces?! No sabía volver a su casa desde… ¡Donde quisiese que estuviera! Lo único que sabía era que estaba solo… solo y perdido.

-¡¿Hay alguien aquí?! -chilló muy nervioso deseando que alguien le escuchase.

No hubo respuesta. Estaba solo.

-¡Por favor! ¡¿Alguien puede oírme?!

Estaba solo.

-¡Alguien! ¡Quien sea!

Estaba solo e iba a desistir cuando escuchó la voz de un hombre entre los arbustos. Un sonido esperanzador para el joven dochés.

-¡Señor! He oído a alguien. -escucho hablar.
-¡Sí! ¡Aquí! -exclamó Fedde moviendo los brazos a modo de seña. De pronto vio salir  a un montón de hombres vestidos de un uniforme militar azul con adornos rojos y dorados.
-¡Es un inmigrante! -sentenció el hombre que había hablado antes.
-¿Tiene la licencia? -preguntó una mujer bastante atractiva de un pelo naranja bastante vistoso la cual parecía la cabeza del grupo.
-¡¿Tienes la licencia?! -le habló al aterrorizado Fedde de modo agresivo.
-¿Qué licencia? -musitó el albino.
-Si no sabe de que licencia hablamos es que no consta de ella. -puntualizó la mujer.
-¿Qué es lo que está pasando aquí?
-¿Qué hacemos con él? ¿Le llevamos al cuartel? -cuestionó otro de los militares esperando la contestación de la fémina.
-¿Para qué? Allí solo le torturarán hasta que confiese que es un espía, para luego solo matarlo.
-¡¿Matarme?! ¡Yo… yo no soy un espía! -explicó el horrorizado joven casi temblando.
-Eso es lo que dicen todos los espías.
-¡No! ¡De veras, se lo juro! ¡No sé como he llegado aquí!
-¿Qué hacemos entonces?
-Acabad con él aquí mismo. Está asustado como un conejo. No debe de ser muy buen espía, seguro que no lleva información útil. ¿Para qué las molestias de llevarlo tan lejos?
-¡Esperad! ¡Digo la verdad, lo juro!
-Lo que usted ordene, señor. -contestó el soldado que le encontró sacando de su funda yn largo y afilado sable para empuñarlo contra el chico.

¡Iba a morir! ¡Y ni siquiera sabía donde! ¡No quería morir, pero lo iba a hacer! Aquello tenía que ser una pesadilla. Eso, una horrorosa pesadilla. Cerró fuertemente los ojos como si al abrirlos se fuese a despertar, (o por lo menos no ver el sable caer contra él)

Un ruido, un fuerte golpe contra algo de metal fue lo único que es escuchó. Y luego un multitud de voces nerviosas y furiosas. ¿Estaba vivo? Abrí los ojos atónito por seguir respirando, aunque fuera de un modo muy nervioso. Solo vio delante suya dos cuerpos con los brazos extendidos en forma de cruz. Uno muy alto el cual no se podía ver ya que portaba una gran armadura metálica sacada de una película medieval. Sobre este había impactado la espada. Y el otro notablemente más pequeño, de una mujer de largos cabellos color café. No sabía quienes eran ese dúo, pero le habían salvado… o eso quería creer.

CONTINUARÁ...

sábado, 20 de agosto de 2011

FP: Federick Roseblade.







Nombre: Federick Roseblade

Apodo; Fedde, a veces Máximo

Edad: 19 años.

Fecha de nacimiento (En la tierra): 28 de diciembre.

Altura: 1, 76 m

Peso: 57 Kg

Procedente de: Dochama

Raza: Dochés.

Ocupación: Estudiante en una facultad de arte, actor en la compañía y diseñador de los carteles y escenarios.

Familia: Se conoce que vivía con su familia en Dogals. Pero de ella solo se ha visto por el momento a Reya su hermana mayor y se ha escuchado la voz de su madre.

Descripción física: De apariencia frágil y endeble, Fedde es un joven delgado pero de alta estatura. Lleva el pelo, de color plateado, un poco largo de tal forma que le enmarca la mitad del rostro, y recoge la parte izquierda con una orquilla. Mientras que sus ojos son de color rojo vivo, su nariz recta y fina, su tez pálida y su rostro alargado.

Personalidad: Es una persona muy tímida y nerviosa, que acaba por convertirle en el objetivo de muchas burlas y bromas por parte de otros. Amable y educado, también es torpe e ingenuo. Pese a su aparente naturaleza quejica, asustadiza y dada a la depresión, Fedde ha demostrado ser audaz y valiente en varias ocasiones.

Arma: “Un palo o algo” que Elyan le enseñó a utilizar.
Médium: No, en su época no quedan médiums.


jueves, 4 de agosto de 2011

Mediums.

La raza que habita Inclán es físicamente idéntica a nosotros, seres humanos, pero algunos de estos humanos son capaces de conseguir una sincronía mayor con el entorno y el mundo natural, estos son los llamados mediums. Los mediums son capaces de desarrollar una serie de poderes extrasensoriales o místicos, siéndoles de gran ayuda en situaciones de peligro o en las que el rendimiento debe de ser mayo que el de una persona normal.

Un medium no se hace, se nace. No se puede llegar a este poder por ningún medio de entrenamiento. Un medium es medium desde el mismo momento de su concepción. Si la madre es en cuestión es a su vez medium podrá saber si su hijo nacerá con dicho poder antes de su alumbramiento. Físicamente no hay ninguna diferencia entre un medium y una persona normal. Solo un medium es capaz de distinguir a otro medium. Pero este reconocimiento solo puede darse en el caso de que el individuo ya haya activado su poder, en algunas ocasiones este puede mantenerse aletargado o no llegar a desarrollarse nunca.

MEDIUMS EN LA HISTORIA

Los medium fueron utilizados como principales armas de combate en las Cuatro Guerras. En la primera siendo atacantes dado que se consideraban superiores al resto de humanos. Cambiando las tornas en la segunda donde fueron los sometidos casi hasta su desaparición. En la tercera formando parte de los ejércitos y queriendo ser recuperados para conseguir mayor poder por parte de los países y en la cuarta formando sus propias revoluciones. Tras estos últimos combates se prohibió la enseñanza a los medium para prevenir nuevas luchas. A día de hoy no queda nadie que llegue a activar dicho poder. La mayor organización de mediums conocida fue: El Jardín Umbrio. Que surgió en la primera guerra pero no fue hasta la cuarta donde obtuvo mayor relevancia.

TIPOS DE MEDIUM:

Hay infinidad de tipos de medium pero nadie es conciente de cuantos, los más comunes son:

Medium Sincrónico: Estos son capaces de realizar una simbiosis con algun ser extranatural (duendes, hadas, ondinas, etéreas...) mediante un pacto. Estos seres prestan su poder al medium y este le da la capacidad de existir en el mundo real ya que si este pacto no se da estas criaturas no viven más de cinco días y cinco noches. La vida del medium está anclada a la de su simbio, si uno muere el otro irremediablemente lo hará. Ej: Cecille, Charl, Henrry y Pirika.

Medium Biforme: Ellos son capaces de cambiar la composición de sus moléculas transformándose en otro elemento de la naturaleza o en otro estado de las sustancias. Algunos de estos medium son capaces de desordenar sus moléculas para cambiar de cuerpo temporalmente o transformarse en otros seres vivos. Estos solo pueden vestir con una ropa de un material especial que se fragmenta o une cuando el medium cambia. Ej: Nanabel, Rose y Up.

Medium Manipulador: Al igual que los sincrónicos utilizan poderes externos a ellos, estos sin embargo lo hacen con objetos inanimados que manipulan mediante diversos modos que ellos mismos perfeccionan. Solo pueden hacerlo con un todo, o sea que pueden manejar varios objetos pero todos han de pertenecer a la misma categoría. Ej: Danielle Bernabé y William.

Medium Bendito: Son los medium capaces de provocar un estado en una persona o cuerpo ajeno. Lo más frecuentes son los capaces de sanar heridas o enfermedades. Pero este proceso requiere que el medium pague sufriendo él el dolor que dicho mal provoca sobre el cuerpo. Este tipo de poder es muy raro y casi nunca se puede encontrar. Ej: Chirstine, Sophie y Fedde.


Por último solo aclarar que un medium no es lo mismo que un brujo, a los cuales ya se les tratará más adelante.

martes, 5 de julio de 2011

El mundo de Inclán.

El mundo de Inclán es un planeta imagirio muy parecido a la Tierra en su morfología externa pero con claras y fantasiosas diferencias. Al igual que la tierra y resto de planetas conocidos, es esférico pero con un radio algo inferior y en consecuencia con una fuestza de atracción algo mayor pese a que este es un dato irrelevante. Al rededor de él tiene dos satélites en hórbita , Goth y Soloth, que lucen cada noche en el cielo. Por encima de ellos hay una capa cristalina de una composición desconocida para los habitantes de Inclán.

La superficie de Inclán está cubierta de agua líquida lo que permite la vida en el planeta. La litoesfera continentalforma el 45% de la superficie. Está fragmentada en cuatro grandes continentes; Dochama, Nomunau, Rinzoa y Jaroba; que corresponden a cada punto cardinal; norte, sur, este y oeste respectivamente. Debido a esta separación cada continente ha desarrollado una línea de especialización o razas únicas de cada uno. Además en el centro del Gran Mar existe el "quinto continente" o la gran fosa de Tsuema.

Políticamente estos continentes están divididos en naciones pero aun así muy coorrelacionadas unas con otras haciendo del continente su autentica unidad política, dependiendo para casi todas las instituciones del consejo de cada uno de ellos. Son las llamadas Grandes Capitales.